Prosa Aprisa…La mano negra de la 4T contra Manuel Huerta

Como recomendaba don Adolfo Ruiz Cortines que había que hacer cuando las circunstancias le eran adversas a un político, Manuel Huerta tragó sapos sin hacer gestos.

Lo que él sospecha que fue una “mano negra” lo cambió de posición en la lista de candidatos de Morena a la senaduría, de la primera a la segunda, lo que lo pone en riesgo de no alcanzar un escaño.

En los tiempos en que el PRI era hegemónico, había quienes se acostaban dirigentes y se levantaban militantes, porque mientras dormían, sin decirles agua va, desde las alturas los destituían.

Al ex súper delegado de Bienestar le ocurrió todo en el mismo día, en cuestión de horas: amaneció el viernes encabezando la primera fórmula, en esa condición inició su campaña y por la tarde ya lo habían bajado.

Aunque le restó importancia al hecho, no pudo ocultar su sospecha de que lo degradaron (le molestan todos los términos parecidos y prefiere “ajuste”) con una mala jugada, en forma intencionada, por la influencia de alguien que necesariamente tuvo el poder para hacerlo.

El golpe político que recibió, qué duda cabe, fue bien planeado: mientras viajaba hacia la CDMX para asistir al inicio de campaña de Claudia Sheinbaum, cuando toda la atención estaba puesta en ella y el dirigente nacional de su partido estaba concentrado en el arranque de sus actividades.

Fue un golpazo terrenal que pudo más que cualquier otro elemento del más acá o del más allá, porque en los primeros segundos del día había ido a Catemaco a hacerse una limpia, a cargarse de energía y a buscar protección de los brujos o curanderos, contra cualquier mal que trataran de hacerle sus enemigos. ¿Se equivocaron los chamanes o a propósito le hicieron la contra para que lo besara el pingo? ¿Es que acaso vinieron de Zacatecas?

No se traga el cuento

Curtido como está en el quehacer político, no se traga el cuento de que le dieron baje por cuestión de equidad de género y dijo que pediría al INE una explicación por el cambio en el orden, que si el argumento era por equidad de género estaba en total acuerdo, “pero no vaya a ser que sea de mano negra… porque el Instituto (INE) no puede meterse en la vida política de los partidos”; que es su derecho y de la sociedad conocer las razones para el ajuste (alcalorpolitico.com).

Tiene razón: el INE no puede entrometerse en la vida interna de los partidos, pero se entrometió y nadie de la dirigencia nacional de Morena ha protestado, el INE no emitió algún boletín de prensa explicando el cambio, y tampoco el representante de su partido ante el organismo, Sergio Gutiérrez Luna, solicitó alguna explicación. Lo dejaron solo, como lo dejó solo el dirigente estatal de su partido, Esteban Ramírez Zepeta, cuando no lo acompañó en su conferencia de prensa en Veracruz para comentar y declarar sobre el tema.

El sospechosismo se aviva porque en cambio, sin que nadie se lo pidiera, la que salió a dar una explicación ¡fue Rocío Nahle!, quien dijo que “el ajuste” se había dado a fin de cumplir con el principio de equidad de género, aunque luego varió y expresó que porque en Veracruz tienen “gran fortaleza” (insistió de nuevo en sus 30 puntos de ventaja) y Manuel “liderazgo y trabajo de base” y que ganará

Sin duda, a Huerta le están jugando chueco. Obtuvo la primera posición con todas las de la ley, porque ganó la encuesta para ser el candidato de su partido a gobernador, pero disciplinado, fiel a su líder y guía López Obrador, aceptó cederle el lugar a Rocío, ahí sí, por cuestión de género, a cambio de la primera posición como candidato al Senado. Ese fue el acuerdo, que finalmente no se ha respetado.

¿Ton¢s? Es que Sara Ladrón de Guevara les vino a descuadrar todo. En sus encuestas internas, Sara le gana a la pupila de Nahle, Claudia Tello, y por eso la zacatecana se agandalló la primera posición para que en todo caso su comadre asegure un escaño como primera minoría, aunque pierdan, con lo que Huerta se quedaría fuera y sin nada. Es un clásico de que lloren en mi casa a que lloren en la tuya, mejor que lloren en la tuya.

De paso –esa es mi lectura– la señora lo eliminaría, como ya eliminó a todos los cuitlahuistas, porque le pesa y le hace contrapeso y ella quiere el poder absoluto, como lo tiene su padrino López Obrador, para hacer y deshacer con los suyos, que nadie le haga sombra, que si lo logra los veracruzanos van a extrañar a Cuitláhuac.

Veo una gran contradicción que por un lado Claudia Sheinbaum reconoce el poder que tiene Manuel y le encarga que re-una a los cuitlahuistas en torno a Nahle y lo responsabiliza del resultado de la elección, y por el otro en acuerdo con Rocío lo baja en la lista de candidatos al Senado. Yo esperaría división interna, aunque silenciosa.

También sacó de la jugada a Eva Cadena

El 13 de febrero de 2018, en conferencia de prensa, Eva Cadena acusó a Rocío Nahle de ser una de las responsables de preparar un montaje para que la filmaran recibiendo dinero que, según se escuchó en un video, debía ser entregado a Andrés Manuel López Obrador.

Era entonces diputada local con licencia y candidata a la presidencia municipal de Las Choapas. El Universal la exhibió en tres videos (en abril y mayo de ese año). Ella se defendió de inmediato, dijo que había caído en una trampa, que todo había sido bien orquestado y que el dinero lo había devuelto íntegro.

Me sumé a las críticas y cuando pudo me buscó. Se reunió conmigo en dos ocasiones y me confirmó su versión. Me dijo que no tenía duda que Nahle era la autora y no titubeó en señalarla como la operadora financiera y recaudadora de recursos para AMLO. El escándalo la obligó a renunciar a la candidatura a la alcaldía, Morena la expulsó y ahí acabó su incipiente carrera política.

En declaraciones dijo que el montaje era para sacarla del camino, ya que para entonces su carrera política iba en ascenso, pero lo más grave para sus enemigos era que Andrés Manuel le mostraba mucha cercanía, tanto que en una fotografía del 8 de abril de 2017 se le ve inclinado hacia ella rozando su nariz con el cabello de ella, como diciéndole algo al oído, aunque no fue la única ocasión en que se le vio apapachándola.